ASOCIACIÓN SEVILLANA DE PACIENTES ANTICOAGULADOS Y PORTADORES DE VÁLVULAS CARDÍACAS

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SEVILLA Y PROVINCIA

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martes, 2 de agosto de 2011

USO Y ABUSO DE LAS HEPARINAS

USO Y ABUSO DE LAS HEPARINAS

Naturalmente, me voy a referir a las heparinas de bajo peso molecular (HBPM), que son las que nos aplican con bastante frecuencia a los anticoagulados. Estos renglones son fruto de mi experiencia como médico y como paciente anticoagulado, especialmente la vivida durante los últimos 17 años, en que he ejercido como médico de la Asociación de Anticoagulados de Granada.

Las HBPM cumplen un papel muy importante en el tratamiento de los anticoagulados y nos debemos preguntar ¿Cuándo se debe aplicar heparina a un anticoagulado? En primer lugar, un anticoagulado se debe poner heparina cuando precise una intervención quirúrgica, ya que, para evitar una hemorragia, cuatro o cinco días antes de la intervención, el paciente debe suprimir el anticoagulante oral y, ese mismo día, debe comenzar a ponerse la heparina, con objeto de estar protegido en todo momento contra una embolia o una trombosis. El mismo día de la intervención debe hacerse un control del INR y si está por debajo de 1’5, puede ser intervenido. Pero ¿hasta cuando se debe estar poniendo la heparina? y ¿cuándo debe empezar a tomar el anticoagulante oral? El anticoagulante oral debe comenzar a tomarlo tras la intervención quirúrgica, pudiendo hacerlo el mismo día o al día siguiente, y, siempre, a la misma dosis que venía tomándolo anteriormente. ¿Hasta cuando debe ponerse la heparina? Ese plazo varía para cada paciente. Ante esta problemática, el médico debe procurar dos cosas: primera, que el paciente no corra el riesgo de padecer una embolia o una trombosis y segunda, que no sufra una hemorragia. Como hemos dicho, tras la intervención quirúrgica el paciente debe comenzar a tomar el anticoagulante oral y a los cinco días se le hace el primer control. Si el INR está dentro de rango (2-3 o 2’5-3’5 o 2’5-4), en ese momento se debe suprimir la heparina. Si el INR sigue por debajo del rango, debemos seguir con el anticoagulante oral y la heparina, hasta que el INR alcance el rango terapéutico de ese paciente, incluso subiendo la dosis del anticoagulante oral si fuera necesario.

Aparte de en una intervención quirúrgica, el anticoagulado se debe poner heparina cuando el INR (por el motivo que sea) desciende por debajo de 1’8. Entonces se debe poner una inyección de heparina diaria, a la vez que se aumenta la dosis del anticoagulante oral. Se debe hacer otro control a los cuatro días y si el INR está dentro de rango, se suprime la heparina.

Hasta aquí, en términos resumidos, ese es el uso que se debe hacer de este gran medicamento en todos los pacientes anticoagulados, con la gran ventaja de que no precisa controles y con el inconveniente de que es inyectable.

Pero nos preguntamos ¿existe una base científica que justifique esos largos tratamientos con heparina que duran meses y meses? Ese médico que los recomienda (tenga la especialidad que tenga) ¿se los aplicaría él mismo si fuera paciente? Estoy seguro que estudiaría la posibilidad de acortar ese suplicio sin aumentar el peligro. La demostración de lo que afirmo es muy simple: La heparina y los anticoagulantes orales ¿para qué los empleamos? Sin duda, para prevenir la aparición de una embolia o de una trombosis. ¿Cuándo debemos preferir la heparina? Cuando hay peligro de hemorragia, como ocurre en una intervención quirúrgica. ¿Cuándo debemos preferir los anticoagulantes orales? En todos los demás casos, con los debidos controles para mantener el INR dentro de rango. Hoy, con las nuevas técnicas y los medios puestos a nuestro alcance, el paciente puede estar mejor controlado con los anticoagulantes orales y no sufrir innumerables pinchazos por culpa del “tradicional miedo” al Sintrom. Los anticoagulantes orales son mucho más económicos pero, sobre todo, con ellos se evitan las molestas inyecciones y sus peligros que, aunque remotos, son posibles.

Yo mismo, estando anticoagulado, he sufrido tres intervenciones quirúrgicas, dos hernias inguinales y la colocación de un stent. En las tres me recomendaron que estuviera con heparina un mes y sólo estuve ocho días, siguiendo la pauta que os he explicado, con la seguridad de que con el Sintrom estaba tan protegido o más que con la heparina y sin necesidad de tanto pinchazo. ¡MIEDO AL SINTROM, NO! ¡CONOCIMIENTO, SI!

Ramiro Aguilera. Médico de la Asociación de Anticoagulados de Granada. Julio de 2011.

martes, 5 de abril de 2011

ANTICOAGULANTES MÁS ASPIRINA ¿SI O NO?.

ANTICOAGULANTES MÁS ASPIRINA ¿SI O NO?.

Desde que aparecieron los anticoagulantes, nos inculcaron todas las Escuelas Mundiales de Hematología que eran incompatibles con el ácido acetil salicílico (A.A.S.) por el peligro de hemorragia. Desde hace más de diez años, han aparecido múltiples trabajos en los que se aconseja dicha asociación en determinados procesos caracterizados por su propensión a originar procesos tromboembólicos.

El último de estos trabajos que he leído, ha sido un artículo de Carlos Brotons Cuixart y Nuria Soriano Palacios, pertenecientes a la Unidad de Investigación del Servei Catalá de la Salud de Barcelona., titulado “Prevención Secundaria de la Cardiopatía Isquémica” y publicado en la Revista “JANO”, nº 1741, de fecha 12 de Junio de 2009.

En dicho artículo se afirma lo siguiente: “La indicación de la anticoagulación oral después de padecer un infarto de miocardio se debe hacer sólo en aquellos pacientes con alto riesgo tromboembólico, por ejemplo, con fibrilación auricular, aneurisma ventricular izquierdo, o con antecedentes o presencia de enfermedad tromboembólica venosa, así como en el infarto de miocardio reciente con la presencia de un trombo intraventricular demostrado mediante ecocardiografía.

En aquellos pacientes tratados con Sintrom por otra indicación (válvula protésica, trombosis venosa recurrente, fibrilación auricular) se debe continuar con Sintrom. Aunque algunos ensayos clínicos que comparaban el efecto de los anticoagulantes asociados al A.A.S. frente sólo al A.A.S., han mostrado mayor reducción de la mortalidad cardiovascular, si bien, el riesgo de hemorragia aumenta con la combinación, por lo que la actitud debería ser muy prudente.

En los infartados que no toleran el A.A.S. ni el clopidogrel, debe considerarse el Sintrom, durante al menos 4 años.”

Como veis, aunque muchos Servicios Hematológicos siguen desaconsejando expresamente la asociación de anticoagulantes con A.A.S., otros muchos la recomiendan en determinados procesos que han demostrado ser muy embolígenos y, por tanto, muy peligrosos.

Ramiro Aguilera Vaquero. Médico y Vicepresidente de la Asociación de Anticoagulados de Granada. Junio 2009.